“Misión fallida, lección aprendida”: el agridulce intento de la NASA por salvar el telescopio Swift
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El intento por rescatar al telescopio Swift de la NASA quedó muy cerca de concretarse, aunque finalmente no pudo completarse. Una nave privada logró aproximarse al satélite para tomar imágenes y reunir datos técnicos clave, pero no contó con el combustible suficiente para empujarlo a una órbita más alta y evitar su inminente reentrada. La reliquia orbital, enviada en 2004 por la agencia estadounidense para estudiar las explosiones más potentes del universo, pierde altitud aceleradamente a causa de las intensas tormentas solares e ingresará a la atmósfera terrestre entre octubre y diciembre.
La firma Katalyst Space Technologies había sido contratada por la NASA para llevar adelante la audaz misión. Su nave, llamada Link, fue lanzada en julio con el objetivo de extender la vida útil de Swift. Sin embargo, la operación enfrentó severas complicaciones desde el inicio: el vehículo entró en un giro fuera de control poco después del despegue y, aunque los equipos en tierra lograron estabilizarlo, la maniobra consumió una parte crítica de sus reservas de propulsión.
Problemas técnicos y la pérdida de combustible

Ghonhee Lee, director ejecutivo de Katalyst, explicó que el consumo imprevisto de combustible durante los primeros minutos del vuelo se convirtió en el obstáculo insuperable de la misión. Cuando Link consiguió acercarse al telescopio, carecía de la fuerza necesaria para desplazarlo a una zona orbital segura.
“Estuvimos muy cerca, pero a la vez muy lejos”, declaró Lee en entrevistas recogidas por Associated Press, refiriéndose a la frustración de estar a pasos de concretar el acoplamiento sin tener la energía para completar el empuje.
A pesar de que el rescate formal había sido cancelado en agosto, Katalyst decidió aprovechar la trayectoria de la nave para realizar una prueba operativa en condiciones reales. El pasado martes, Link se aproximó a tan solo 15 kilómetros (9 millas) de Swift y activó sus sensores para evaluar en detalle el estado del instrumento espacial. La maniobra no salvó al telescopio, pero aportó valiosa información técnica sobre operaciones de acoplamiento de alta precisión.
Una carrera contra el tiempo y piezas disponibles

Lee reveló que la misión se organizó en apenas nueve meses, un plazo sumamente ajustado para la ingeniería aeroespacial. La urgencia del proyecto obligó a los ingenieros a trabajar con componentes que estaban disponibles de inmediato en el mercado, en lugar de esperar la fabricación de piezas personalizadas, lo que incrementó el margen de riesgo.
Por su parte, la NASA invirtió 30 millones de dólares en la iniciativa sabiendo que se trataba de un ensayo de alto riesgo. Tras el reciente lanzamiento del telescopio espacial Roman, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, analizó el resultado del operativo con una perspectiva estratégica: “Lamentablemente, no fue el resultado que esperábamos, pero ese es precisamente el tipo de misiones que deberíamos llevar a cabo en la NASA. Aprenderemos de esta experiencia”.
Isaacman destacó que, si resulta más económico reparar o extender la vida útil de una nave que fabricar un reemplazo desde cero, el intento financiero y tecnológico siempre estará justificado. Como muestra de este cambio de paradigma, confirmó que el nuevo telescopio Roman fue diseñado desde su origen para ser recargado con combustible en el espacio, aun cuando operará a 1,6 millones de kilómetros de la Tierra.
Caída inevitable entre octubre y fin de año

Lanzado en 2004, el telescopio Swift continúa operativo y reanudó sus observaciones científicas la semana pasada tras un periodo de hibernación para ahorrar energía. Sin embargo, su destino está sellado. La intensa actividad solar registrada en los últimos años incrementó la fricción atmosférica en la órbita baja, acelerando su descenso. Hasta el viernes pasado, orbitaba a 335 kilómetros (208 millas) de la Tierra, casi la mitad de la altitud a la que operaba al inicio de su vida útil.
Los cálculos oficiales de la NASA señalan que Swift se desintegrará en la atmósfera entre octubre y fines de este año. En tanto, la nave Link agotará sus últimas reservas probando sus tres brazos robóticos de 1 metro antes de sufrir el mismo destino en las próximas semanas.
Katalyst Space Technologies ya trabaja en un modelo de nave más avanzado que aspira a prestar servicios de mantenimiento al telescopio espacial Hubble, cuya órbita también se ha visto degradada por la radiación solar. “Al Hubble todavía le quedan algunos años de vida, así que la buena noticia es que esto no es inminente”, concluyó Lee, remarcando que el mantenimiento satelital dejará de ser un concepto experimental para convertirse en una práctica habitual en la industria aeroespacial.




