Estados Unidos y Argentina sellan un nuevo marco comercial destinado a expandir inversiones y abrir mercado

|
Getting your Trinity Audio player ready...
|

Estados Unidos confirmó este jueves la firma de un marco comercial con la Argentina, luego de varios meses de conversaciones. El entendimiento se presenta como una plataforma inicial para profundizar la cooperación económica entre ambos países y apunta a generar condiciones que favorezcan el crecimiento sostenido y nuevas oportunidades para ambos mercados.
El anuncio se produjo mientras el canciller Pablo Quirno mantenía un encuentro en Washington con el secretario de Estado Marco Rubio. El funcionario argentino había avanzado en los detalles finales del acuerdo el día previo, en una reunión con el representante comercial del gobierno de Donald Trump, Jamieson Greer, quien encabezó las negociaciones iniciadas en abril.
Tras la reunión, Quirno celebró el resultado y destacó que el nuevo marco “abre puertas para incrementar la presencia de capital estadounidense en Argentina” y prevé “reducciones arancelarias para sectores estratégicos”, lo que, según afirmó, dinamizará el intercambio bilateral. También afirmó que el gobierno argentino está decidido a aprovechar la oportunidad para “relanzar” el desarrollo económico del país.
Desde Washington explicaron que la iniciativa busca equilibrar la relación económica, mejorar el clima de negocios y promover reglas claras para el comercio y la innovación. Aún quedan definiciones pendientes, pero se adelantó que el acuerdo aborda temas vinculados a aranceles, barreras técnicas, propiedad intelectual, sectores industriales, exportaciones agrícolas, regulaciones laborales y ambientales, seguridad económica y comercio digital.
Entre los puntos destacados, se contempla un acceso preferencial para productos argentinos como maquinaria, insumos químicos, dispositivos médicos, vehículos, tecnología y una amplia variedad de bienes agropecuarios. A cambio, Argentina habilitará el ingreso de ganado bovino vivo procedente de Estados Unidos y se comprometió a permitir el acceso al mercado de aves de corral dentro de un plazo de doce meses. También aceptó no aplicar restricciones a nombres de productos vinculados con quesos y carnes que suelen generar disputas comerciales.
El entendimiento incluye capítulos vinculados a los sectores farmacéutico, automotriz y de recursos naturales. Asimismo, Argentina se comprometió a evitar esquemas de subsidios industriales que puedan distorsionar los términos del intercambio. También se anticipan beneficios para la venta y compra de medicamentos, una reducción en impuestos para la importación de vehículos —en especial camionetas— y un régimen especial para productos agropecuarios y posiblemente metales, aunque este último punto aún se analiza.

Desde el gobierno estadounidense remarcaron que el trato se apoya en medidas de apertura que Argentina ha iniciado recientemente para modernizar su estructura comercial y crear un terreno más equilibrado entre ambos mercados. Diversos funcionarios argentinos habían adelantado en días previos que el entendimiento ya estaba prácticamente concluido y solo se aguardaba el momento indicado para hacerlo público.
La presentación se demoró debido al impacto político que generó en Estados Unidos el paquete financiero de 20.000 millones de dólares destinado a respaldar a la economía argentina, en medio de un prolongado cierre administrativo que dejó a cientos de miles de empleados federales sin cobrar y tensó el clima interno. Sectores agrícolas estadounidenses también habían expresado preocupación ante la posibilidad de un mayor ingreso de carne argentina, lo que generó preguntas directas a funcionarios del gobierno en recientes apariciones públicas.
En relación con la carne vacuna, el texto del acuerdo solo señala que ambos países trabajarán para mejorar el acceso recíproco, sin mencionar volúmenes específicos. Semanas atrás, el propio Trump había sugerido públicamente la posibilidad de ampliar los cupos, lo que avivó los reclamos internos antes de que la Casa Blanca aclarara que la Argentina constituye un socio clave para contrarrestar la influencia china en la región.
La administración estadounidense había elevado aranceles de forma generalizada el 2 de abril, lo que provocó fuertes tensiones globales. Para Argentina, el incremento fue del 10%, bastante menor al aplicado a otras naciones. Sin embargo, sectores como el acero y el aluminio sintieron con fuerza el impacto, ya que Estados Unidos es uno de los principales destinos de esos productos.
Desde el inicio de esas medidas, Argentina buscó negociar una reducción. El proceso incluyó gestiones del entonces canciller Gerardo Werthein, el embajador Luis Kreckler, el embajador Alec Oxenford y el equipo económico argentino, quienes mantuvieron múltiples rondas de trabajo con el representante comercial Greer y el secretario de Comercio Howard Lutnick.
Desde la reunión entre Javier Milei y Trump en la Casa Blanca, en octubre, el acuerdo había quedado prácticamente concluido y solo restaba un visto bueno final. Tras resolverse el conflicto presupuestario interno en Estados Unidos, la administración finalmente autorizó el anuncio.




