#Temblores en República Dominicana: ¿qué significan los recientes sismos y debemos preocuparnos
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Expertos explican cuántos sismos ocurren normalmente en el país, si los temblores “liberan presión” y si una cadena de movimientos puede anunciar un terremoto de mayor magnitud.
SANTO DOMINGO, RD. — Los movimientos sísmicos registrados durante los últimos días han vuelto a poner sobre la mesa una pregunta que preocupa a muchos dominicanos: ¿estos temblores son parte de la actividad sísmica normal del país o podrían ser una señal de algo mayor?
La preocupación aumentó el domingo 27 de septiembre, cuando República Dominicana fue sacudida por varios movimientos, entre ellos dos que fueron ampliamente sentidos por la población.
El primero, de magnitud 4.1, ocurrió a las 6:06:47 de la mañana, con una profundidad aproximada de 10 kilómetros. Horas después, a las 5:49:46 de la tarde, se registró un sismo de magnitud 5.6, localizado en la zona de Ramón Santana, San Pedro de Macorís, a una profundidad cercana a los 108-113 kilómetros, según los reportes disponibles del Centro Nacional de Sismología y organismos de emergencia.
El segundo movimiento provocó alarma en diferentes localidades, especialmente en Santo Domingo, donde algunas personas abandonaron edificios y establecimientos como medida preventiva. También fueron evacuados momentáneamente espacios de la Feria Internacional del Libro, en la Plaza de la Cultura. Hasta las primeras evaluaciones reportadas no se habían registrado daños significativos ni personas lesionadas.
Pero ¿qué hay detrás de esta actividad?

¿Cuántos sismos ocurren normalmente en República Dominicana?
Aunque muchas personas tienen la impresión de que un sismo es un acontecimiento excepcional, la realidad es que República Dominicana registra movimientos telúricos prácticamente todos los días.
De acuerdo con explicaciones ofrecidas por especialistas del Centro Nacional de Sismología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), el país puede registrar alrededor de 15 sismos diarios, aunque la mayoría son de magnitudes pequeñas y ocurren a profundidades o distancias que hacen que la población no los perciba.
De hecho, el domingo 27 de septiembre no se produjeron solamente los dos temblores que sintieron los ciudadanos. El director del Centro Nacional de Sismología explicó que ese día se habían registrado siete eventos, aunque solamente algunos fueron perceptibles.
Esto significa que sentir más temblores no necesariamente equivale a que el país esté entrando en una situación extraordinaria. Para determinar si existe un comportamiento anómalo, los especialistas analizan factores como la magnitud, profundidad, ubicación y distribución temporal de los eventos.
¿Los últimos sismos anuncian uno de mayor magnitud?

Esta es probablemente la principal preocupación de la población.
La respuesta de los especialistas es que los sismos registrados recientemente, por sí solos, no permiten afirmar que próximamente ocurrirá un terremoto de mayor magnitud.
La sismología no dispone actualmente de un método confiable que permita determinar con precisión cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá un terremoto.
Por eso, una sucesión de temblores no debe interpretarse automáticamente como una señal de que se aproxima un gran terremoto.
Sin embargo, esto tampoco significa que el riesgo sísmico pueda ignorarse.
República Dominicana se encuentra en una región tectónicamente activa y los terremotos pueden ocurrir en cualquier momento. Los especialistas insisten en que la mejor respuesta es mantener las medidas de prevención y preparación.
Los movimientos recientes, además, han mostrado actividad principalmente en sectores del sur y suroeste del país, relacionada con la compleja interacción de las placas tectónicas del Caribe y Norteamérica.
¿Un sismo “libera presión” y evita uno mayor?
Una de las creencias más extendidas después de un temblor es que “es bueno que tiemble”, porque supuestamente cada movimiento libera presión acumulada y evita un terremoto más fuerte.
La realidad es mucho más compleja.
Un terremoto ocurre cuando la tensión acumulada en las rocas supera la resistencia de una falla y se produce un desplazamiento. Ese movimiento libera parte de la energía acumulada, pero un sismo pequeño no significa necesariamente que haya eliminado el peligro de un terremoto mayor.
Además, cada secuencia sísmica debe analizarse de manera individual.
Por ejemplo, varios movimientos pequeños separados por largos períodos no necesariamente tienen el mismo significado que una concentración inusual de sismos en una misma zona y durante un período corto.
Por eso, la idea de que “mientras más tiemble, menos posibilidad existe de un terremoto grande” es una simplificación que no debe utilizarse como garantía de seguridad.
¿Dónde existe mayor actividad sísmica en el país?

República Dominicana forma parte de una región donde interactúan importantes estructuras tectónicas.
Entre las zonas de mayor interés se encuentran los sistemas asociados a la falla Septentrional y la falla Enriquillo-Plantain Garden, además de otras estructuras tectónicas que atraviesan la isla.
La falla Septentrional se extiende por el norte de La Española, mientras que el sistema Enriquillo-Plantain Garden está asociado principalmente con el sur de la isla.
Estas estructuras forman parte del contexto tectónico que explica por qué tanto República Dominicana como Haití presentan un riesgo sísmico importante.
Pero el riesgo no se limita exclusivamente a las zonas ubicadas directamente sobre una falla. Un terremoto puede sentirse a grandes distancias de su epicentro, dependiendo de factores como la magnitud, profundidad, tipo de suelo y características de las edificaciones.
¿Por qué el sismo de 5.6 se sintió tanto?

El movimiento registrado a las 5:49 de la tarde del domingo tuvo una magnitud de 5.6 y una profundidad superior a los 100 kilómetros. El Centro Nacional de Sismología explicó que este tipo de eventos está relacionado con la dinámica tectónica de la región.
La diferencia entre magnitudes también es importante.
El sismo de 5.6 fue 1.5 unidades de magnitud superior al de 4.1 registrado esa misma mañana.
Debido a que la escala de magnitud es logarítmica, esa diferencia representa aproximadamente 32 veces mayor amplitud de las ondas sísmicas y cerca de 178 veces más energía liberada, no simplemente un 36 % más de energía.
Esta es una de las razones por las que un cambio aparentemente pequeño en la magnitud puede representar una diferencia considerable en la energía liberada.
¿Los seres humanos pueden provocar un terremoto?

En redes sociales suelen aparecer teorías que atribuyen algunos terremotos a supuestas tecnologías capaces de mover artificialmente las placas tectónicas.
La evidencia científica disponible no respalda la idea de que exista una tecnología capaz de crear deliberadamente un gran terremoto tectónico desde cero.
Sin embargo, existe un fenómeno científicamente documentado conocido como sismicidad inducida por actividades humanas.
Una revisión científica publicada en 2018 en Earth-Science Reviews, liderada por la geofísica Gillian R. Foulger y otros investigadores, recopiló cientos de casos en los que determinadas actividades humanas fueron relacionadas con terremotos inducidos o activados. Entre ellas figuran la construcción de grandes embalses, minería, extracción de fluidos e inyección de líquidos en el subsuelo.
La diferencia fundamental es que estas actividades no crean desde cero toda la energía de un terremoto tectónico. En determinados casos pueden alterar las condiciones de una falla que ya se encuentra sometida a esfuerzos naturales y favorecer que ocurra un movimiento.
La propia investigación señala que la tensión tectónica preexistente puede representar una parte importante de la energía liberada durante estos eventos.
Entonces, ¿debemos preocuparnos?
La respuesta científica no es predecir que viene un gran terremoto, sino estar preparados para la posibilidad de que ocurra un sismo en cualquier momento.
Los movimientos del 27 de septiembre forman parte de la actividad sísmica de una región tectónicamente activa y, con la información disponible, no permiten afirmar que exista un terremoto mayor inminente.
Al mismo tiempo, la ausencia de una señal que permita predecir un terremoto no significa que el riesgo sea inexistente.
La preparación continúa siendo la principal herramienta: identificar lugares seguros dentro de la vivienda, fijar objetos que puedan caer, conocer las rutas de evacuación, preparar una mochila de emergencia y establecer un punto de encuentro familiar.
En materia de terremotos, la pregunta no es solamente cuándo volverá a temblar, sino qué tan preparados estaremos cuando ocurra.
Fuentes consultadas
- Centro Nacional de Sismología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
- Centro de Operaciones de Emergencias (COE).
- Reportes publicados por Diario Libre sobre los sismos del 27 de septiembre de 2026. (Diario Libre)
- Foulger et al., Global review of human-induced earthquakes, Earth-Science Reviews, 2018. (ScienceDirect)




